“EL AMOR A LOS CHICHARRONES Y NO AL CHANCHO”
El país asiste al espectáculo “magistral” del viejo y nuevo juego electoral.
Cada cuatro y cinco años, los ciudadanos somos catapultados y manipulados a través de estrategias marketeras de los políticos, especialmente adinerados, que invierten para obtener grandes ganancias. “No es el amor al chancho, sino a los chicharrones”.
Esto explica el porqué en todo tiempo de “juego electoral”, no se elaboran ni menos se discuten programas y planes de mediano y largo plazo, con antelación suficiente. No se organizan foros de debate sectorial, ni regional, ni nacional. En la víspera, sólo se limitan demagógicamente a prometer la “solución” de necesidades de corto plazo, y a penas un “saludo a la bandera” de la visión de futuro. Como ya estamos noticiados, estos demagogos no cumplen ni con el 10% de lo que prometen.
Pero, ¿qué es demagogia?. Según el Diccionario, “es la degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”. Es decir, conservar, unos, y alcanzar, otros, el estatus de la ganancia que les da el negocio de la democracia degenerada. Para tales “políticos”, el futuro del país comienza y termina con ellos.
No obstante, el “juego electoral” cual drama masoquista, despierta ilusiones de cambio en las personas: Todos fijan sus esperanzas en los caudillos que les ofrecen salvarlos de la crisis. Para los ayayeros y filisteos, hay alguna esperanza si están cerca del caudillo y participan del “aparato” político. Perciben pagos, magros o pingües, para la campaña, y si es avisado instala o promueve su imprenta, su serigrafía, etc. Ya ganó alguito, aunque su candidato no gane. Para la inmensa mayoría, luego de votar por “su” candidato (vencedor o no) la ilusión se les disipa en el primer año de gobierno. Y vuelve la frustración, el dolor, la humillación, hasta que llega de nuevo el espectáculo circense del “juego electoral” y hace su aparición la nefasta demagogia.
Es un círculo vicioso que, cual nudo corredizo, nos asfixia.
¿De qué se trata entonces?
Justamente, de anular el círculo, de desatar ese nudo corredizo para la salud del país.
El Perú es un cuerpo social que está enfermo, y cada vez más grave. Las recetas de los “médicos” que han desfilado hasta hoy son solamente paliativos, y lo que es peor, agudizan la enfermedad. Necesitamos de una real y eficaz profilaxis. Nuestra generación presente y futura lo necesita. Obremos en consecuencia: Denunciemos a los viejos y zorros “médicos” politicastros. No será fácil señalarlos y dejarlos de lado, pero hay que hacerlo: Tanto a ellos como a los nuevos debemos marcarlos, observándoles lo que hacen con sus manos y no lo que dicen con sus labios. Por ello, es menester sensibilizar las conciencias, organizarse y educarse consecuentemente.
Ha llegado la hora, pues, de que sean protagonistas del verdadero cambio, las mayorías nacionales, olvidadas y oprimidas, creyentes o no creyentes en Cristo Jesús. Aquellas que viajan en combis, hacinados en las empresas, en las ciudades y en el campo. También de los emprendedores de “a puro pulmón” asfixiados por las coimas, la Sunat y el contubernio gubernamental con los grandes capitalistas. La hora de los profesionales, intelectuales y artistas comprometidos con la causa de los pobres y del planeta Tierra.
Es la hora de los trabajadores, mujeres y hombres, adultos y jóvenes
Cada cuatro y cinco años, los ciudadanos somos catapultados y manipulados a través de estrategias marketeras de los políticos, especialmente adinerados, que invierten para obtener grandes ganancias. “No es el amor al chancho, sino a los chicharrones”.
Esto explica el porqué en todo tiempo de “juego electoral”, no se elaboran ni menos se discuten programas y planes de mediano y largo plazo, con antelación suficiente. No se organizan foros de debate sectorial, ni regional, ni nacional. En la víspera, sólo se limitan demagógicamente a prometer la “solución” de necesidades de corto plazo, y a penas un “saludo a la bandera” de la visión de futuro. Como ya estamos noticiados, estos demagogos no cumplen ni con el 10% de lo que prometen.
Pero, ¿qué es demagogia?. Según el Diccionario, “es la degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”. Es decir, conservar, unos, y alcanzar, otros, el estatus de la ganancia que les da el negocio de la democracia degenerada. Para tales “políticos”, el futuro del país comienza y termina con ellos.
No obstante, el “juego electoral” cual drama masoquista, despierta ilusiones de cambio en las personas: Todos fijan sus esperanzas en los caudillos que les ofrecen salvarlos de la crisis. Para los ayayeros y filisteos, hay alguna esperanza si están cerca del caudillo y participan del “aparato” político. Perciben pagos, magros o pingües, para la campaña, y si es avisado instala o promueve su imprenta, su serigrafía, etc. Ya ganó alguito, aunque su candidato no gane. Para la inmensa mayoría, luego de votar por “su” candidato (vencedor o no) la ilusión se les disipa en el primer año de gobierno. Y vuelve la frustración, el dolor, la humillación, hasta que llega de nuevo el espectáculo circense del “juego electoral” y hace su aparición la nefasta demagogia.
Es un círculo vicioso que, cual nudo corredizo, nos asfixia.
¿De qué se trata entonces?
Justamente, de anular el círculo, de desatar ese nudo corredizo para la salud del país.
El Perú es un cuerpo social que está enfermo, y cada vez más grave. Las recetas de los “médicos” que han desfilado hasta hoy son solamente paliativos, y lo que es peor, agudizan la enfermedad. Necesitamos de una real y eficaz profilaxis. Nuestra generación presente y futura lo necesita. Obremos en consecuencia: Denunciemos a los viejos y zorros “médicos” politicastros. No será fácil señalarlos y dejarlos de lado, pero hay que hacerlo: Tanto a ellos como a los nuevos debemos marcarlos, observándoles lo que hacen con sus manos y no lo que dicen con sus labios. Por ello, es menester sensibilizar las conciencias, organizarse y educarse consecuentemente.
Ha llegado la hora, pues, de que sean protagonistas del verdadero cambio, las mayorías nacionales, olvidadas y oprimidas, creyentes o no creyentes en Cristo Jesús. Aquellas que viajan en combis, hacinados en las empresas, en las ciudades y en el campo. También de los emprendedores de “a puro pulmón” asfixiados por las coimas, la Sunat y el contubernio gubernamental con los grandes capitalistas. La hora de los profesionales, intelectuales y artistas comprometidos con la causa de los pobres y del planeta Tierra.
Es la hora de los trabajadores, mujeres y hombres, adultos y jóvenes
¡A ORGANIZARSE Y FORMARSE!
Lima, junio 10 de 2010