UN FANTASMA RECORRE ASIA Y AFRICA:
LA “VIOLENCIA DEL AMOR”
Las crueles dictaduras de tres décadas de opresión inmisericorde fueron barridas por la fuerza de la “violencia del amor”, en Túnez y Egipto. “Esa violencia no es la de la espada, la del odio. Es la violencia del amor, la de la fraternidad, la que quiere convertir las armas en hoces para el trabajo” (Padre O. Romero, asesinado por la derecha salvadoreña)
Ahora, toda Asia y África, Europa y América son impactadas por el fantasma de la “violencia del amor”, por esa poderosa e imprevisible fuerza moral. A los ejércitos tunecino y egipcio no se los venció con armas o la confrontación, sino con abrazos y manos abiertas. La historia de los pueblos está llena de estos extraordinarios momentos, puesto que los soldados, los mandos, son seres humanos y, por mucho armamento de que dispongan, en ningún lugar van a poder vencer por la violencia a un pueblo digno, que se expone y se manifiesta firmemente exigiendo sus derechos de forma pacífica La “violencia del amor”, tiene como significado la “no-violencia o inacción”. Expliquémonos. La inaccion o no-acción o bien no-violencia, no es ausencia de acción, de violencia, de organización, sino lo que quiere decir, es que hay que tomar la actitud de procurar que los acontecimientos ocurran naturalmente, sin interferir con nuestra impaciencia, nuestra intolerancia irracional. De esta manera, la no-violencia recusa la pasividad, el conformismo, la anarquía para producir la “violencia del amor”.
Tal es la gran e histórica lección de la no-violencia o “violencia del amor” de Túnez y Egipto, dado que fue una implosión de natural acumulación durante tres décadas de absolutismo. No hubieron líderes nacionales reconocidos. El protagonista ha sido todo el colectivo, todo el pueblo rebelde. La conciencia colectiva pesó en la conciencia individual.
Así, pues, la “chispa” incendió la pradera y abrasó con el fuego de la “violencia del amor” a todo el pueblo, un fuego de la especie que se apareció a Moisés en la zarza del monte: Fuego que ardía sin consumir la zarza. Lo mismo cuando al unísono, las trompetas sonaron y derribaron solamente las murallas de Jericó
“¡Vamos, pues, ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que vienen sobre vosotros (..) ¡He aquí clama el jornal de los obreros que segaron vuestros campos, el que fraudulentamente ha sido retenido por vosotros. Y los clamores de los que segaron han llegado a los oídos del Señor de los Ejércitos. Habéis vivido en placeres sobre la tierra y habéis sido disolutos” (BIBLIA. Santiago 1-6)
En efecto, la “violencia del amor” que Cristo evidenció en la Cruz, recorre cual fantasma Asia y Africa, proyectándose a lo ancho y extenso de los restantes Continentes. Este es el mensaje fresco, actual y permanente del cristianismo auténtico, originario. Aquel que viene siendo desplegado por los verdaderos evangelistas, es decir, por quienes anuncian y se comprometen con las buenas nuevas del Evangelio del Reino de Dios. La “violencia del amor” venció en la India con Gandhi, con Luter King en EE.UU. Y cuando no vence deja huellas imperecederas, marcan el rumbo del futuro. Esto es comprendido, incluso desde las huestes marxistas. Trotsky, analizando la traición de los dirigentes socialdemócratas alemanes, reconoce el martirologio de los cristianos auténticos, hijos de Dios, cuando escribió: “Ya hemos conocido con anterioridad una aberración histórica similar, una felonía análoga, pues lo mismo pasó con el cristianismo. El cristianismo evangélico era una ideología de pescadores oprimidos, de esclavos, de trabajadores aplastados por la sociedad, una ideología de proletarios. ¿Y acaso no fue acaparado por aquellos que monopolizaban la riqueza, por los reyes, los patriarcas y los papas? Indudablemente, el abismo que separa el cristianismo primitivo, tal como surgió de la conciencia del pueblo y las capas inferiores de la sociedad, del catolicismo y las teorías ortodoxas es tan profundo como el que ahora separa las teorías de Marx, puro fruto del pensamiento y los sentimientos revolucionarios, de los residuos ideológicos burgueses con los que trafican los Scheidemann y Ebert de todos los países”.
Profundo y espiritual.
Los cristianos auténticos coincidimos con el revolucionario Trotsky, “ateo de la cruz” (cargó la cruz de la humanidad recusando el cristianismo papal, la “gran ramera”), y levantamos la “violencia del amor” contra toda injusticia, contra toda explotación y absolutismo. Igualmente, coincidiendo con J.J.. Rousseau, : reforzamos las reservas morales de nuestro pueblo, elevándolo a la altura de la dignidad nacional como los hermanos africanos y árabes, y en palabras del genio, decimos: “En fin; cuando el Estado, próximo a su ruina, sólo subsiste por una forma ilusoria y vana, y el lazo social se ha roto en todos los corazones; cuando el vil interés se reviste descaradamente con el manto sagrado del bien público, entonces la voluntad general enmudece, todos, guiados por móviles secretos, opinan como ciudadanos de un Estado que jamás hubiese existido, permitiendo que pasen subrepticiamente bajo el nombre de leyes, decretos inicuos que tienen únicamente como objeto un interés particular. ¿Síguese de allí que la voluntad general se haya destruido o corrompido? En manera alguna: permanece constante, inalterable y pura, pero está subordinada a otras voluntades más poderosas que ella. Separando cada cual su interés del interés común, comprende que no puede hacerlo del todo, empero la porción de mal público que le corresponde, parécele poca cosa comparada con el bien exclusivo de que pretende hacerse dueño. Hasta cuando vende por dinero su voto, no extingue en sí la voluntad general, la elude. La falta que comete consiste en cambiar los términos de la proposición y contestar lo que no se le pregunta; de suerte que en vez de decir por medio del sufragio "Es ventajoso para el Estado", dice: "Conviene a tal hombre o a tal partido..”
De esta forma y conforme al mandato del Apóstol Santiago, los cristianos en tanto Embajadores de Jesucristo, asumimos así nuestros compromisos y responsabilidades ante la sociedad: “Pero sed hacedores de la Palabra, y no solamente oídores, engañándoos a vosotros mismos”. Stg 1:22)
Abrazos y bendiciones
Fines de febrero 2011
LA “VIOLENCIA DEL AMOR”
Las crueles dictaduras de tres décadas de opresión inmisericorde fueron barridas por la fuerza de la “violencia del amor”, en Túnez y Egipto. “Esa violencia no es la de la espada, la del odio. Es la violencia del amor, la de la fraternidad, la que quiere convertir las armas en hoces para el trabajo” (Padre O. Romero, asesinado por la derecha salvadoreña)
Ahora, toda Asia y África, Europa y América son impactadas por el fantasma de la “violencia del amor”, por esa poderosa e imprevisible fuerza moral. A los ejércitos tunecino y egipcio no se los venció con armas o la confrontación, sino con abrazos y manos abiertas. La historia de los pueblos está llena de estos extraordinarios momentos, puesto que los soldados, los mandos, son seres humanos y, por mucho armamento de que dispongan, en ningún lugar van a poder vencer por la violencia a un pueblo digno, que se expone y se manifiesta firmemente exigiendo sus derechos de forma pacífica La “violencia del amor”, tiene como significado la “no-violencia o inacción”. Expliquémonos. La inaccion o no-acción o bien no-violencia, no es ausencia de acción, de violencia, de organización, sino lo que quiere decir, es que hay que tomar la actitud de procurar que los acontecimientos ocurran naturalmente, sin interferir con nuestra impaciencia, nuestra intolerancia irracional. De esta manera, la no-violencia recusa la pasividad, el conformismo, la anarquía para producir la “violencia del amor”.
Tal es la gran e histórica lección de la no-violencia o “violencia del amor” de Túnez y Egipto, dado que fue una implosión de natural acumulación durante tres décadas de absolutismo. No hubieron líderes nacionales reconocidos. El protagonista ha sido todo el colectivo, todo el pueblo rebelde. La conciencia colectiva pesó en la conciencia individual.
Así, pues, la “chispa” incendió la pradera y abrasó con el fuego de la “violencia del amor” a todo el pueblo, un fuego de la especie que se apareció a Moisés en la zarza del monte: Fuego que ardía sin consumir la zarza. Lo mismo cuando al unísono, las trompetas sonaron y derribaron solamente las murallas de Jericó
“¡Vamos, pues, ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que vienen sobre vosotros (..) ¡He aquí clama el jornal de los obreros que segaron vuestros campos, el que fraudulentamente ha sido retenido por vosotros. Y los clamores de los que segaron han llegado a los oídos del Señor de los Ejércitos. Habéis vivido en placeres sobre la tierra y habéis sido disolutos” (BIBLIA. Santiago 1-6)
En efecto, la “violencia del amor” que Cristo evidenció en la Cruz, recorre cual fantasma Asia y Africa, proyectándose a lo ancho y extenso de los restantes Continentes. Este es el mensaje fresco, actual y permanente del cristianismo auténtico, originario. Aquel que viene siendo desplegado por los verdaderos evangelistas, es decir, por quienes anuncian y se comprometen con las buenas nuevas del Evangelio del Reino de Dios. La “violencia del amor” venció en la India con Gandhi, con Luter King en EE.UU. Y cuando no vence deja huellas imperecederas, marcan el rumbo del futuro. Esto es comprendido, incluso desde las huestes marxistas. Trotsky, analizando la traición de los dirigentes socialdemócratas alemanes, reconoce el martirologio de los cristianos auténticos, hijos de Dios, cuando escribió: “Ya hemos conocido con anterioridad una aberración histórica similar, una felonía análoga, pues lo mismo pasó con el cristianismo. El cristianismo evangélico era una ideología de pescadores oprimidos, de esclavos, de trabajadores aplastados por la sociedad, una ideología de proletarios. ¿Y acaso no fue acaparado por aquellos que monopolizaban la riqueza, por los reyes, los patriarcas y los papas? Indudablemente, el abismo que separa el cristianismo primitivo, tal como surgió de la conciencia del pueblo y las capas inferiores de la sociedad, del catolicismo y las teorías ortodoxas es tan profundo como el que ahora separa las teorías de Marx, puro fruto del pensamiento y los sentimientos revolucionarios, de los residuos ideológicos burgueses con los que trafican los Scheidemann y Ebert de todos los países”.
Profundo y espiritual.
Los cristianos auténticos coincidimos con el revolucionario Trotsky, “ateo de la cruz” (cargó la cruz de la humanidad recusando el cristianismo papal, la “gran ramera”), y levantamos la “violencia del amor” contra toda injusticia, contra toda explotación y absolutismo. Igualmente, coincidiendo con J.J.. Rousseau, : reforzamos las reservas morales de nuestro pueblo, elevándolo a la altura de la dignidad nacional como los hermanos africanos y árabes, y en palabras del genio, decimos: “En fin; cuando el Estado, próximo a su ruina, sólo subsiste por una forma ilusoria y vana, y el lazo social se ha roto en todos los corazones; cuando el vil interés se reviste descaradamente con el manto sagrado del bien público, entonces la voluntad general enmudece, todos, guiados por móviles secretos, opinan como ciudadanos de un Estado que jamás hubiese existido, permitiendo que pasen subrepticiamente bajo el nombre de leyes, decretos inicuos que tienen únicamente como objeto un interés particular. ¿Síguese de allí que la voluntad general se haya destruido o corrompido? En manera alguna: permanece constante, inalterable y pura, pero está subordinada a otras voluntades más poderosas que ella. Separando cada cual su interés del interés común, comprende que no puede hacerlo del todo, empero la porción de mal público que le corresponde, parécele poca cosa comparada con el bien exclusivo de que pretende hacerse dueño. Hasta cuando vende por dinero su voto, no extingue en sí la voluntad general, la elude. La falta que comete consiste en cambiar los términos de la proposición y contestar lo que no se le pregunta; de suerte que en vez de decir por medio del sufragio "Es ventajoso para el Estado", dice: "Conviene a tal hombre o a tal partido..”
De esta forma y conforme al mandato del Apóstol Santiago, los cristianos en tanto Embajadores de Jesucristo, asumimos así nuestros compromisos y responsabilidades ante la sociedad: “Pero sed hacedores de la Palabra, y no solamente oídores, engañándoos a vosotros mismos”. Stg 1:22)
Abrazos y bendiciones
Fines de febrero 2011
No hay comentarios:
Publicar un comentario